Sexo

¡Ya no tengo ganas!

Aunque la tendencia es la negatividad a admitirlo, hay momentos en las personas en que la vida sexual no les funciona de la mejor manera y, de pronto, por temor, vergüenza o simplemente con un “ya se pasará”, no le dan la importancia que merece y de repente se acaban las ganas.

No hay que temer. Palabras como frigidez en las mujeres o impotencia en los hombres suenan como una sentencia de muerte sexual. Sin embargo, cada caso en particular es muy diferente, según lo contemplan estudios al respecto.

En ocasiones, los síntomas pueden ser físicos como enfermedades o trastornos; psíquicos como traumas o estrés; o por agentes externos como algún medicamento.

La recomendación es buscar ayuda profesional y entender que hay problemas o situaciones más complejas que requieren de terapia o un tratamiento especial.

Estos trastornos pueden ser: La falta de ganas de tener sexo (que dura alrededor de 6 meses) o la dificultad en gozar (orgasmos muy largos o muy cortos, o la ausencia), según ‘Sexo y Sentimientos’, libro de Sylvain Mimoun y Rica Étienne.

Por eso es importante la comunicación con tu pareja. La sexualidad es de dos y si cada uno sabe las necesidades, o fallas, pero no  se las cuentan, creerán que todo está bien. Generalmente,  el problema es de ambos y callarlo no lo mejora. El diálogo es clave.

Señales a tener en cuenta

Algunas mujeres experimentan dolor durante el coito (dispareunias). Es un dolor descrito en términos de una herida, una quemadura o un desgarre. Por lo tanto es necesario acudir al médico. Cuando se convierte en algo crónico es decir, más de 6 meses, es necesario tener una asistencia psicosomática.

En los hombres, además, de la disfunción eréctil, también se presenta la eyaculación precoz y la anorgasmia que, en ocasiones, no se detecta porque el orgasmo masculino está ligado a la eyaculación.

Algunos medicamentos, o productos, tienen efectos reversibles en la sexualidad. De acuerdo con el libro ‘Sexo y Sentimientos’, la Vitamina A ácida seca la vagina y hace que las relaciones sean dolorosas.

Lo mismo ocurre con sustancias que aumentan la tasa de prolactina disminuyendo el deseo y resecando la vagina. También con ciertos hipotensores (como diuréticos en pacientes hipertensos), neurolépticos o tranquilizantes que retrasan el orgasmo. Las antihormonas que provoca una menopausia artificial también afectan el deseo y la lubricación. Igualmente, el abuso del alcohol y sustancias psicoactivas disminuyen el deseo y la lubricación y son las responsables una menor sensibilidad en el clítoris.

La penetración imposible, o vaginismo, es un trastorno psíquico del comportamiento sexual. Es una contracción involuntaria de los músculos del perineo. El reflejo es tan fuerte que impide la revisión ginecológica con el dedo o con el espéculo.

El vaginismo se compara con el cierre reflejo del párpado cuando se pone un dedo en el ojo. El tratamiento actúa en varios frentes:

  • Aprendizaje de la relajación muscular.
  • Conocimiento de la vagina.
  • Psicoterapia.

Es entendible que cada persona es un universo y que cada situación es diferente, pero al final siempre hay una solución si se busca la ayuda adecuada. Por eso es importante siempre consultar a un especialista. No hay hombres impotentes o mujeres frígidas porque no tienen ganas de sexo.

Se puede ser normal, contar con una mente sana y no tener deseos sexuales en algún momento de la vida. El estrés, el estilo de vida, inseguridad por la apariencia, el parto,  la cultura y la educación también influyen en la vida sexual.Por eso es importante la comunicación con tu pareja. La sexualidad es de dos y si cada uno sabe las necesidades, o fallas, pero no  se las cuentan, creerán que todo está bien. Generalmente,  el problema es de ambos y callarlo no lo mejora. El diálogo es clave.

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